Entrenar, o casi morir pegando celular en techo.

Dormir con tu puerta abierta… es un acto de fe. Habra que entrenar la voz y el cuerpo para dejarnos las puertas sin llave. Y si nos asaltan salir… salir. Entrenar para volverse un animal. Romperse en mil pedazos cuantas…

Entrenar, o casi morir pegando celular en techo.

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Dormir con tu puerta abierta…
es un acto de fe.
Habra que entrenar la voz y el cuerpo para dejarnos las puertas sin llave.
Y si nos asaltan salir…
salir.

Entrenar para volverse un animal.
Romperse en mil pedazos cuantas veces haga falta.
Gatear, perrear.
Volverse pez globo y volar hasta chocar las luces de escenario.
Encandilarse.
Actuar como electricista, distinguir el cable a tierra de la masa y el neutro.
Cambiar las conexiones sin que se den cuenta,
y al que mira,
electrocutarlo hasta que reviva.

Dejarse caer,
con él.

De la fuerza de gravedad volverse astronauta.
Enroscarse en los telones y vestirse de mil personajes.
Aparecer.
Desaparecer.
Entrenar los ojos, la boca.
Manos, brazos, piernas. Entrenar la piel.
Y perrear… perrear Shakespeare o tus cartas de amor, pero perrear.

Y la lengua.

Entrenarla hasta reducir el lenguaje,
usar tres cuatro palabras, no más,
usar la lengua para cantar en idiomas que no entendemos.
Lenguar hasta babearse todo y resbalar el cuerpo por las paredes, el piso, el techo, las ideas, el pasado, los muertos,
y a los fantasmas…
volverlos carne, sangre, inventarles adornitos, echarles talco, perfumes…
e invitarlos a cenar.

Ey
nomiremomaaloojo
Suspirar de alivio…
juntos,
aliados.
Dejarnos que el mundo NOS respire.
Sonreírle al destino,
Siempre.
Mirandonóaloojo.

Texto y video: Gastón Palermo

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